Las frutas y verduras.


¿Qué son las frutas y las verduras?

Se considera que las frutas y verduras son las partes comestibles de las plantas (por ejemplo, estructuras seminíferas, flores, yemas, hojas, tallos, brotes y raíces), tanto cultivadas como silvestres, en estado crudo o con un procesamiento mínimo.

Los alimentos mínimamente procesados conservan la mayor parte de sus propiedades físicas, químicas, sensoriales y nutricionales intrínsecas, y muchos de ellos son tan nutritivos como los alimentos sin procesar. Algunos ejemplos son la fruta cortada, la fruta embolsada, las ensaladas de verduras y las frutas y verduras desecadas y congeladas.

Pero ante de continuar, debemos de jugar el siguiente juego para saber cuales son las frutas y las verduras.



 ¿Por qué las personas no comen suficiente frutas y verduras?

Las conductas alimentarias son complejas y están conformadas por una mezcla de factores físicos, biológicos, psicológicos, históricos y culturales. Aunque no es posible examinar aquí todos los factores que influyen en el consumo de frutas y verduras, a continuación, se describen algunos factores que emergieron durante un taller de la FAO/OMS en 2020:

Disponibilidad: Muchas frutas y verduras son de temporada y perecederas y no están disponibles todo el año. Las grandes pérdidas durante la cosecha, el transporte y el almacenamiento reducen las cantidades disponibles en las tiendas y los mercados. A ello se suma la falta de instalaciones de refrigeración y transporte, almacenes y puntos de venta al por menor, lo que acorta la vida útil de los artículos especialmente perecederos. Las rupturas en las cadenas de suministro perturban la comercialización de los productos y reducen los incentivos a los productores para cultivar esos productos. La baja demanda crea una baja oferta, y viceversa: se produce la situación del “huevo y la gallina “.

Asequibilidad: Las frutas y verduras pueden ser una parte relativamente onerosa en la dieta. Muchos de los pobres gastan el dinero que tienen en carbohidratos básicos baratos, que llenan el estómago y son ricos en energía, como el arroz o la yuca. Añaden pequeñas cantidades de verduras y productos animales para dar sabor cuando están disponibles. Las frutas también pueden ser un artículo de lujo, pero pueden ser asequibles cuando la producción está en su punto máximo. Los que tienen campos o jardines pueden cultivar y comer sus propias frutas y verduras, pero muchos cultivos son de temporada y perecederos, y por lo tanto no siempre están disponibles.

Educación y cultura: La comida es intensamente cultural: nuestros gustos están influenciados por la cultura en la que nos criamos y cómo nos educaron de niños. De hecho, la comida es una parte importante de la propia cultura: lo que cocinamos y comemos en parte determina nuestra identidad. Los inmigrantes prefieren comer la comida a la que están acostumbrados; las comunidades de inmigrantes frecuentan las tiendas que venden los productos con los que están familiarizados. Pero las culturas y las dietas a veces cambian, y el aumento de los ingresos y los estilos de vida urbanos con una preferencia por la “comodidad” se asocian a menudo con un mayor consumo de azúcar, aceites, productos animales y alimentos altamente procesados, y un menor consumo de frutas y verduras frescas, un cambio conocido como la “transición nutricional mundial” (Caballero y Popkin, 2002, Popkin et al., 2012).

Falta de conocimiento: A la gente puede gustarle (o no gustarle) las frutas y verduras por su sabor, pero no sabe acerca de su valor nutritivo y para la salud. Las necesidades de los niños, adolescentes, adultos y ancianos difieren, al igual que las de los hombres y las mujeres. Las mujeres embarazadas o en período de lactancia necesitan una nutrición extra, pero es posible que ellas y sus familias no sean conscientes de ello. Las personas que viven con VIH/SIDA y las que tienen diabetes y otros problemas de salud también necesitan dietas especiales. Pero las campañas de nutrición y sensibilización acerca de la salud a menudo están mal enfocadas y no se ajustan a las necesidades fisiológicas de estos grupos de población específicos. 

Competencia con las alternativas: Los alimentos procesados están respaldados por una poderosa publicidad que los presenta como sabrosos y socialmente deseables. El marketing agresivo promueve alimentos y bebidas no saludables en escuelas, oficinas y tiendas. Las bebidas azucaradas son más fáciles de comprar y consumir que el jugo recién exprimido; los dulces y snacks envasados tienen una mayor duración que la fruta. Estos alimentos compiten con las frutas y verduras por el mismo dólar, euro, franco, peso, libra, rupia o chelín.

Inocuidad alimentaria: A diferencia de muchos alimentos procesados, las frutas y verduras deben lavarse o pelarse y quizás cocinarse antes de poder comerlas. Comer frutas y verduras contaminadas puede causar enfermedades. La contaminación puede producirse durante la producción –a partir del agua de riego, el suelo, los fertilizantes o los plaguicidas– o provenir de un procesamiento y preparación antihigiénicos.

Políticas nacionales: Los gobiernos preocupados por la seguridad alimentaria, la balanza comercial y los temas geopolíticos han prestado mucha atención a los cultivos básicos y a los productos de exportación. Han dedicado mucha menos atención a las frutas y verduras. Como resultado, los agricultores medianos y comerciales han realizado mucho menos inversiones. Las políticas comerciales también han promovido la importación de frutas y verduras baratas en detrimento de las variedades autóctonas producidas localmente. Esto ha contribuido al bajo consumo de frutas y verduras, ignoradas y subutilizadas pero nutritivas.




Mejorar la salud y la nutrición 

Además de la actual pandemia de COVID-19, también nos enfrentamos a una pandemia de enfermedades no transmisibles, muchas de ellas causadas por una mala nutrición (Allen, 2017). 

Esto requiere medidas decisivas. Los ámbitos de acción que requieren atención son los siguientes:

Promoción de la producción: Se necesitan intervenciones para ayudar a los pequeños agricultores a producir más frutas y verduras. Ello significará mejorar los servicios de extensión agrícola para promover las buenas prácticas agrícolas, la buena gestión del suelo y la disponibilidad de insumos como semillas y fertilizantes. Es necesario prestar atención al empoderamiento de las mujeres, que se ocupan de muchos campos y huertos familiares. Las importaciones son importantes para satisfacer las necesidades nutricionales de los países que no producen suficientes frutas y verduras a nivel nacional (FAO, 2018). 



Mejorar la disponibilidad: La disponibilidad de frutas y verduras puede aumentarse mejorando la cadena de valor que conecta a los productores con los consumidores. Esto incluye el transporte, la comercialización, el almacenamiento y las instalaciones de procesamiento, los recursos laborales y la financiación para hacer más eficiente la cadena de valor y reducir las pérdidas y desperdicios.

Hasta ahora, los estudios sobre las campañas de nutrición se han centrado en gran medida en el contenido y el proceso, más que en el impacto. Hay buenas prácticas que aún no han sido debidamente documentadas. Se necesita urgentemente contar con esos estudios.

Mejorar la asequibilidad: Los subsidios pueden aumentar la ingesta de frutas y verduras (OMS, 2017).

Promover el consumo: La educación y la información son fundamentales para promover las frutas y verduras como parte de la dieta. Los pobres consumen menos (u optan por alternativas más baratas) porque no pueden comprarlas. En los países de altos ingresos, muchas personas optan por comer alternativas poco saludables. Información e incentivos mejor orientados pueden ayudar a cambiar esos comportamientos.

Integración de la nutrición en los programas escolares: Las escuelas son un aspecto importante de esas campañas de promoción. Los mensajes nutricionales y la producción hortícola integrados en los planes de estudio pueden ayudar a los niños a adquirir habilidades para toda la vida y promover el consumo de frutas y verduras desde los primeros años de vida. Los programas de alimentación escolar, que ya son importantes en el esfuerzo para poner fin al hambre, también deberían formar parte de las políticas educativas nacionales. La legislación puede promover la inclusión de frutas y verduras en los comedores escolares, las máquinas expendedoras y los hábitos de compra. Las restricciones a la venta cerca de las escuelas de alimentos con alto contenido de sal, azúcar y grasas trans pueden contribuir a mejorar el entorno alimentario de las escuelas.

Medición de la nutrición: Es necesario realizar más esfuerzos para medir el consumo de frutas y verduras, junto con otros componentes de la dieta. Se está avanzando. Dos indicadores son la Diversidad Alimentaria Mínima para Mujeres en Edad Reproductiva y la Diversidad Alimentaria Mínima para Lactantes y Niños Pequeños (FAO y FHI 360, 2016). Lo anterior se incluye en el conjunto de indicadores de nutrición previsto para unos 90 países que realizarán encuestas demográficas y de salud.

Hasta ahora, los estudios sobre las campañas de nutrición se han centrado en gran medida en el contenido y el proceso, más que en el impacto. Hay buenas prácticas que aún no han sido debidamente documentadas. Se necesita urgentemente contar con esos estudios.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las arena del alma (Dante Gebel)